Marco Denevi: No hay que complicar la felicidad

[Sentados bajo los árboles]

ÉL: Te amo.

ELLA: Te amo.

[él se pone violentamente de pie]

ÉL: ¡Basta! Siempre lo mismo. ¿Por qué cuando te digo que te amo no contestas que amas a otro?

ELLA: ¿A qué otro?

ÉL: A nadie. Pero lo dices para que yo tenga celos. Los celos alimentan el amor. Despojado de ese estímulo, el amor languidece. Nuestra felicidad es demasiado simple, demasiado monótona. Hay que complicarla un poco. ¿Comprendes?

ELLA: No quería confesártelo porque pensé que sufrirías. Pero lo has adivinado.

ÉL: ¿Qué es lo que adiviné?

                                                            [ella se levanta, se aleja unos pasos]

ELLA: Que amo a otro.

ÉL: Lo dices para complacerme. Porque yo te lo pedí.

ELLA: No. Amo a otro.

ÉL: ¿A que otro?

ELLA: No lo conoces.

                                                            [silencio, él tiene una expresión sombría]

ÉL: Entonces ¿Es verdad?

ELLA  [dulcemente]: Sí, es verdad.

ÉL  [enfurecido]: Siento celos, no finjo. ¡Créeme! Me gustaría matar a ese otro.

ELLA  [dulcemente, señalando con el dedo]: Está allí.

ÉL: Iré en su busca.

ELLA: Cuidado, quiere matarte.

ÉL: No le tengo miedo.

                                                            [él desaparece, ella se ríe]

ELLA: ¡Qué niños son los hombres! Para ellos hasta el amor es un juego.

                        [se oye el disparo de un revólver, ella deja de reír]

Juan [silencio] Juaaan [silencio] JUAAAANNNN!!!!!


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